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¿Es mejor hacer una maestría o certificaciones?

Si tus padres, algún familiar o un maestro nunca te dijeron que hoy en día la licenciatura ya no basta y que ahora para progresar necesitas hacer mínimo una maestría y de ahí planear un doctorado, entonces no eres millennial. Sin embargo, hoy trataremos de responder a la pregunta de si vale la pena hacer una maestría o es mejor hacer otro tipo de certificaciones.

En el campo de la Actuaría existen varias ofertas de maestrías, diplomados, cursos y certificaciones que se pueden hacer, las cuales se venden como una distinción importante a la carrera profesional de las personas por el aporte de conocimientos que implica tomar y aprobar cualquiera de ellos. Sin embargo, ¿valen la pena hacerlos? ¿En qué momento es mejor? ¿Qué puedo esperar de una maestría o una certificación?

¿Hacer una maestría?

El hacer una maestría con el fin de potenciar nuestra carrera profesional no es una simple creencia social que se pueda refutar, ya que hay estadísticas que confirman que los profesionales que cuentan con posgrados tienen en promedio mejores sueldos y condiciones laborales que aquellos que solo tienen la licenciatura.

Sin embargo, la decisión de hacer una maestría tiene que estar bien pensada, si la haces inmediatamente saliendo de la carrera te enfrentarás a una tremenda realidad en la cual los empleadores no le dan tanto valor a tus estudios de maestría como a la experiencia laboral a la hora de definir el salario al que serás acreedor —esto no aplica si haces tu maestría en una universidad que esté en el Top 10 mundial—.

Por otro lado, si la haces cuando ya llevas varios años de recorrido, lo más seguro es que esta no tenga un impacto tan fuerte en tu carrera y puede llegar a ser una carga de tiempo y dinero bastante pesada.

Con esto en mente, lo ideal sería poder hacer la maestría en un momento de tu carrera en que ya hayas definido el área a la que te vas a especializar, tengas ciertos años de experiencia y la maestría sea la llave que te pueda abrir puertas a puestos más altos y mejores para ti.

Tipos de Maestrías

Una vez que has definido que te encuentras en un buen momento de tu carrera en el que se maximiza el beneficio y se minimiza el costo de oportunidad de hacer una maestría toca definir el camino que quieres seguir con tus estudios, el cual puede ser de dos grandes tipos: especialista o generalista.

Especialista

Como bien mencionamos antes, en este punto de tu carrera ya debes estar establecido en alguna rama de la Actuaría, por lo que buscar especializarte en algo específico te puede ayudar a diferenciarte y por ende mejorar tus condiciones laborales, sin embargo, esto tiene una contra, ya que esto te puede encasillar y si el día de mañana quieres buscar alguna rama diferente u otras actividades, puede que te sea más complicado.

Generalista

A diferencia de las maestrías para especializarte, existen otras que te dan herramientas útiles para desempeñar labores  con una variedad más amplia de actividades. Las más común es la Maestría en Administración de Negocios o MBA, la cual busca capacitar a quienes la toman para tomar puestos de alta dirección, los cuales por supuesto tienen que saber un poco de cada una de las áreas y subáreas de la compañía para poder resolver problemas. La contra es que regularmente este tipo de maestrías son más caras, además de que si diluyes mucho el campo de acción de tus capacidades, puede que tu carrera profesional no termine de despegar.

¿Certificaciones?

Respecto a las certificaciones, aquí hay varias cosas a tomar en cuenta, primeramente sobre aquellas relativas a los exámenes de la SOA / CAS, ya hablamos a fondo sobre cómo ser miembro, cómo pasar los exámenes y de si vale la pena hacerlos en esta entrada.

Hablando de otras certificaciones, el Colegio Nacional de Actuarios ha adoptado un programa de certificación profesional para los actuarios que presten sus servicios en instituciones de seguros y fianzas en el país, con el fin de garantizar altos estándares de práctica actuarial. Cada una de estas certificaciones está más enfocada a distintas
subramas de los seguros y si tu plan de carrera está dentro de este campo será mejor que empieces a reunir los requisitos necesarios para obtener estas acreditaciones.

Es importante mencionar que estas certificaciones pueden encasillarte en áreas específicas dentro de las compañías de seguros y fianzas, con lo cual, si bien tendrás un puesto bueno asegurado, puede ser difícil que después subas de rango.

¿Diplomados, cursos?

Finalmente, otra de las opciones que existen es el estudiar un diplomado o curso, los cuales regularmente abordan temas muy puntuales y son excelentes opciones si quieres reducir la curva de aprendizaje de algo que podría tomar meses a simplemente semanas. De cualquier manera, si buscas algo que te impulse más a largo plazo, nada como la experiencia, las maestrías o las certificaciones.

Conclusión

En conclusión, el elegir hacer una maestría o tomar una certificación es algo que puede potenciar tu carrera, sin embargo, tienes que meditar muy bien el momento y el tipo de estudios que harás, ya que pudiera ser contraproducente si decides estudiar en un momento inadecuado o un tema que poco te ayude.

La Actuaría y la teoría de las 10 mil horas

Seguramente en algún punto de tus primeros años de experiencia laboral te toparás de frente con la frustración porque las cosas no salen bien, ya sea porque tu trabajo consiste en cosas que nunca habías hecho o porque simplemente no puedes comprender la famosa «big picture». Esto es normal y el día de hoy te explicaremos algo que puede ayudar a enfocarte y sentirte mejor respecto a lo que buscas: la teoría de las 10 mil horas.

Ante la incertidumbre y frustración que existe en muchos actuarios que inician su vida laboral, el día de hoy vamos a platicarles de un concepto que les ayudará a entender cómo es el crecimiento profesional y qué esperar del camino que están por recorrer.

Los primeros años…

Los primeros años trabajando, en cualquier ámbito, siempre van a resultar complicados por el simple hecho de que la mayoría de las universidades no nos preparan para el mundo laboral. En el caso de la actuaría, esto es muy marcado por la misma naturaleza de la profesión, la cual se basa en aplicar modelos matemáticos a diferentes fenómenos con el fin de contrarrestar las implicaciones financieras de ciertos riesgos.

De esta manera, puede que en la universidad hayas aprendido la demostración de Black & Scholes sin usar el Teorema del Límite Central, pero aplicar eso en modelos en un software y tomar decisiones del mundo real basado en eso no es lo mismo. Por otro lado, puedes aprender de arriba a abajo lo que significa y cómo se diseña una tabla de mortalidad, pero para tomar la decisión de suscribir un negocio especial cuando el agente está presionando y tus números no te dan el precio que buscan, se requiere de otros conocimientos y habilidades.

Esto por supuesto solo se aprende estando en el campo de juego y viendo de cerca cómo se manejan las cosas, con el apoyo de los compañeros y jefes que llevan más tiempo en el negocio, pero con una prioridad en la práctica, la cual, debe ser en teoría de 10 mil horas.

La teoría de las 10 mil horas

¿Sabías que Picasso fue aceptado en la academia de artes a los 16 años de edad? Pues es verdad y no tienes que sentirte mal, no fue porque tuviera todo el talento del mundo desde que nació, fue porque pasó toda su juventud dibujando y estudiando arte muy arduamente, para cuando hizo los exámenes de admisión ya había realizado más de 10,000 dibujos y pinturas (según cuenta la leyenda).

Esta teoría, formulada por Anders Ericsson en 1990, dicta que las primeras 10,000 horas que dediques a algo, las cosas van a salir mal, incompletas o de calidad dudosa, pero son las 10,000 horas en que debes esforzarte más para aprender de tus errores y perfeccionarte, pasando esta barrera, en la hora 10,001 tu trabajo habrá cambiado por completo y será muy bueno, tanto así que no se parecerá en nada a lo que hacías al comenzar.

En otras palabras, ahora que empiezas en el mundo laboral todo te parecerá una marcha cuesta arriba y sentirás que no puedes más y quieres renunciar ante la presión, pero ten en mente que entre más te esfuerces en seguir adelante y mejorar a cada paso esa marcha se volverá más y más fácil.

El hecho de que conozcas algo tan a fondo después de practicarlo por todo este tiempo también te llenará de otro aspecto vital que es la confianza, en ti mismo y en lo que haces. Este tema por si solo también es muy importante, por lo que ahondaremos en él en otra publicación, pero por el momento solo considera que estas 10 mil horas también te brindarán eso.

¿Se puede agilizar?

Realmente no, la regla de las 10 mil horas es clara y difícilmente podrás llegar al punto cúspide antes de ese tiempo. De esta manera, tardarás de 5 a 10 años en volverte un experto en tu campo laboral, dependiendo de cuánto tiempo le dediques.

Ahora, esto no significa que tienes que estar esos 5 a 10 años en el mismo puesto, la mayoría de los lugares de trabajo tienen bien definidos los puestos que puedes ir subiendo de acuerdo a tu experiencia, aumentando responsabilidades y condiciones laborales de manera progresiva.

Por otro lado, algo que puede ralentizar u obstaculizar tu camino de las 10 mil horas es el hecho de que cambies continuamente tu campo laboral, por más mínimo que sea. Toma en cuenta que no dijimos cambiar de empresa, al final siempre es bueno buscar mejores condiciones en otros lugares, sino de campo, es decir, si hoy trabajas en seguros y el día de mañana te cambias a finanzas, pero después ya no te gusta y te cambias a ciencia de datos, en cada nuevo campo inicias nuevamente un camino de aprendizaje de 10 mil horas.

Como conclusión, no te desanimes si las cosas no te van bien, créeme que a todos nos pasa. Mejor enfócate en lo que haces y esfuérzate para que esas 10 mil horas te sirvan de provecho y así pasarán más ligeres. Piensa que durante todo ese tiempo trabajando como profesional te están pagando por aprender y volverte un experto de tu área.

¿Realmente vale la pena hacer los exámenes de la SOA?

Una de las preocupaciones más comunes que surge en los estudiantes conforme se va acercando el momento de dejar la academia es la de prepararse de mejor manera para acceder al mundo laboral y demostrar ser capaces desde el inicio. Para esto, los exámenes de la SOA / CAS siempre suenan como una buena opción, pero ¿…es esto verdad?

Recientemente hicimos varias encuestas a través de las redes sociales de El Manual del Actuario acerca de la opinión de la comunidad sobre si vale la pena hacer los exámenes de la SOA / CAS y las respuestas fueron favorables siempre hacia dichos exámenes.

Sin embargo, el día de hoy queremos desafiar esa concepción y analizar a fondo los pros y contras de seguir este camino de certificaciones.

¿Para qué sirve hacer los exámenes de la SOA / CAS?

En México para que un actuario pueda firmar reportes financieros o notas técnicas, auditar reservas o hacer proyectos de consultoría, necesita estar certificado ante la CNSF. En Estados Unidos, para que un actuario pueda realizar todas estas funciones ante el regulador de seguros, el cual es la National Association of Insurance Commissioners (NAIC), necesita ser miembro de la American Academy of Actuaries (AAA) y esta última organización quien dictamina si un individuo puede desempeñar funciones actuariales.

Ahora, ¿Cómo se llega a ser miembro de la American Academy of Actuaries? Se deben cumplir 3 cosas:

  1. Cumplir con el syllabus de educación básico (de la International Actuarial Association).
  2. Cumplir con el syllabus de especialistas y regulación (de Vida, Accidentes y Salud, Daños, etc.)
  3. Suficiencia de conocimientos a través de experiencia laboral, ética y estándares profesionales.

La SOA cubre los puntos 1 y 2 para Vida y Salud, mientras que el CAS cubre los puntos 1 y 2 para la parte de Daños. La experiencia en las respectivas industrias cubre el punto 3.

Hay algunas maneras de ser miembro de la AAA sin necesidad de cumplir con los requerimientos de la SOA / CAS y esto, además de la experiencia laboral, se puede hacer si se es fellow de las asociaciones actuariales del Reino Unido, Australia, Irlanda, entre otros, ya que la SOA, el CAS y la AAA tienen esquemas donde reconocen los conocimientos de los asociados y por el simple hecho de ser parte de alguna de estas asociaciones actuariales, se entiende que se cumple con el syllabus de la International Actuarial Association, que es lo que se busca cumplir al fin y al cabo.

El caso de México

De entrada, podemos decir que México no es parte del esquema de reconocimiento entre asociaciones, es decir, el estar certificado en México no abre la puerta a ser parte de la SOA u otra asociación de otro país. Por otra parte, es importante mencionar que el título de actuario es emitido por instituciones de educación superior y avalado por la SEP.

Así mismo, para que un actuario pueda firmar reportes financieros o notas técnicas, auditar reservas o hacer proyectos de consultoría, necesita estar certificado ante la CNSF, lo cual implica tener cierta experiencia laboral y pasar un examen de conocimientos sobre el tema en que el actuario busca certificarse. Después, para mantenerse, necesita refrendar sus conocimientos cumpliendo con ciertas horas de educación continua, las cuales se cubren con actividades extra al trabajo, como cursos, diplomados, congresos, etc.

Lo que implica hacer los exámenes de la SOA

Supongamos que quieres seguir tu camino actuarial para ser miembro de la SOA, si entramos a su página oficial y vemos los precios de los exámenes, encontramos que los precios para hacer los exámenes van desde los $5,000 MXN por intento de examen (si no lo pasas lo tienes que volver a hacer y, por lo tanto, volver a pagar). Además, tienes que considerar la inversión extra de tiempo y dinero para prepararte para cada intento de pasar el examen.

Para darte una idea, el costo de los cursos y manuales de preparación es aproximadamente el mismo que el costo del examen, tanto en las opciones presenciales como en línea. Por otro lado, para cada examen se necesitan aproximadamente 100 horas de estudio y práctica para estar bien preparado.

En este artículo ya hablamos de los pasos que hay que seguir para prepararse adecuadamente para estos exámenes.

Finalmente, se necesitan calculadoras especiales, dependiendo el tipo de examen que quieras hacer necesitarás una calculadora científica o financiera, las cuales cuestan aproximadamente $700 MXN, regularmente en todos los cursos explican cómo usarlas y aprovechar al máximo su rendimiento.

Entonces, ¿vale la pena hacer los exámenes de la SOA?

Conociendo la razón de ser de los exámenes de la SOA, la relación de estos exámenes con las instituciones Mexicanas y la inversión de tiempo y dinero necesarias para cumplir con estos exámenes, ya podemos formar una respuesta a la pregunta ¿qué tan buena idea es realizar estos exámenes?

No hay una respuesta contundente a esto, ya que si tu idea es seguir tu carrera de actuario en Estados Unidos o Canadá y tienes las posibilidades económicas para empezar a hacer los exámenes, entonces la respuesta es que sí vale la pena.

Es importante mencionar que quizás solo los primeros tres o cuatro exámenes tengan que ir por tu cuenta, ya que estos los tienes que ir completando en los primeros años de tu carrera profesional, no necesariamente mientras estudias, y usualmente las compañías interesadas en que sus empleados adquieran estas certificaciones ofrecen el apoyo para pagar los cursos y exámenes, así como dar tiempo de estudio a sus empleados. El problema es que ese tipo de compañías no abundan en México, así que si encuentras una que ofrezca ese tipo de apoyos, aprovéchalos al máximo.

Por otro lado, si tu plan no es irte a trabajar al extranjero, sino que prefieres trabajar en el mercado local, el cual también es muy atractivo; o bien, si los seguros no son algo que te apasiona y prefieres dedicarte a alguna otra rama de la actuaría aquí en México (ya que en EU y Canadá el rol del actuario está muy encasillado a los seguros), entonces la verdad es que no vale la pena que siquiera busques los exámenes de la SOA.

¿Por qué? Porque todos esos exámenes son para acreditar conocimientos que debe tener un actuario, conocimientos que previamente ya acreditaste como estudiante o no tendrías un título universitario en Actuaría. La diferencia es que esa acreditación es a través de un examen estandarizado, el cual, como cualquier examen diseñado por americanos, encuentra su grado de complejidad en el hecho de que son muchas preguntas en un periodo de tiempo limitado, en donde para cada pregunta debes analizar un caso, saber a qué tema se refiere, discernir la manera de resolverlo y saber trasladar eso a una calculadora, todo en 2 minutos o menos.

Así que lo que estarás haciendo será invertir mucho dinero y mucho tiempo para caer en la redundancia de demostrar tus conocimientos en ciertos temas por segunda vez, solo que ahora dicha validación viene en inglés y tiene el plus de que lo hiciste muy rápido. Esto es un plus para un futuro empleador ¿qué empleador no quiere una máquina de cálculos complejos que está dispuesta a sacrificar su tiempo para demostrar que sabe algo y además en inglés? Sin embargo, para crecer como actuario (y en cualquier profesión) lo que cuenta es la experiencia real.

Así que quizá sea mejor invertir ese dinero en cuestiones que harán que tu curva de aprendizaje en el trabajo sea más rápida, como lo pueden ser cursos y diplomados en lenguajes de programación (R, Python, SQL), temas selectos de la Actuaría o en softwares útiles como el viejo y confiable Excel.

La mejor forma de titulación en Actuaría

Hoy en día una de las grandes interrogantes y preocupaciones que tiene cualquier estudiante de cualquier carrera es obtener el título universitario que acredite el grado de educación superior que implica el estudiar una licenciatura o ingeniería. Para el caso particular de la Actuaría, el día de hoy repasaremos las principales opciones disponibles en las diferentes universidades donde se imparte la carrera y cuál es la mejor.

La titulación, ese bello trámite con el que finalizamos la educación universitaria y que en la mayoría de los casos nos llena de orgullo, ya que implica la consecución de un proyecto al que le invertimos mucho esfuerzo, tiempo y lágrimas. Sin embargo este trámite puede ser realmente un viacrusis principalmente en universidades no privadas, como la UNAM.

Opciones de titulación en Actuaría

Actualmente, los planes de estudio de la mayoría de las universidades ya contemplan diferentes opciones para obtener el título, más allá de la clásica tesis y examen profesional. A continuación se presentan algunas de las más comunes y los pros y contras de cada una de ellas:

Diplomado

Esta opción consiste en que el interesado ingrese a un diplomado impartido por la misma universidad y que cumpla con ciertas características de duración y temas relacionados con la actuaría. El costo de estos diplomados va desde los 10 mil pesos hasta los 60 o 70 mil, dependiendo del nivel de especialización y el tema del que sea el diplomado.

Esta modalidad es recomendada para aquellos que no desean hacer tesis o un trabajo escrito, que encuentran un diplomado que sea de un tema en el que busquen profundizar y desarrollarse profesionalmente y que tengan la posibilidad de hacer una inversión de dinero.

Exámenes Internacionales

Para esta modalidad, lo que se solicita es que el estudiante acredite entre dos o tres (dependiendo de la universidad) exámenes de la SOA/CAS y que además dé un curso de preparación o haga un trabajo escrito. Si consideramos que los dos primeros exámenes cuestan 250 dólares (USD) cada uno y los siguientes entre 325 y 1,125 dólares, el costo de la inversión por los exámenes va de los 10 mil a los 16,500 pesos.

A eso todavía hay que sumarle el costo de los manuales, cursos de preparación y calculadoras para cada uno de los exámenes, lo cual eleva la inversión al menos el doble. Además de lo anterior también la inversión de tiempo es de al menos 100 horas de estudio para cada examen y un tanto más de tiempo para dar el curso o preparar el trabajo escrito que complementa la modalidad.

Si además de que no deseas hacer tesis ni un diplomado,  puedes contar con los recursos de dinero y tiempo para elegir esta opción y tu meta es continuar con dichas certificaciones hasta convertirte en ASA o Fellow de estas sociedades y poder con ello trabajar como actuario en Estados Unidos o Canadá, entonces esta opción es definitivamente para ti.

Si este no es tu caso, pero aún así te interesa el elegir este camino, piensa que en los tres primeros exámenes certificarás que tienes conocimientos en temas que ya viste en la carrera y que, aunque para los recién egresados el tener acreditadas estas certificaciones les da puntos extra a la hora de buscar sus primeros trabajos, realmente en nuestro país no tienen tanta relevancia en el ámbito profesional.

Experiencia Profesional

Los que deseen obtener su título bajo la modalidad de Experiencia Profesional deben cumplir con cierto tiempo de experiencia laboral (alrededor de un año) y después realizar un trabajo escrito donde se indique la importancia de la experiencia adquirida para el desarrollo de la profesión actuarial. Si bien esta opción no implica una inversión monetaria importante ni una inversión de tiempo fuera del plan de la mayoría de los pasantes (asumiendo que la mayoría buscan empezar a trabajar después de concluir la carrera), lo cierto es que se tiene que defender el informe entregado ante un jurado compuesto de diferentes sinodales, lo cual al final se parece mucho al procedimiento que se seguiría si se eligiera la titulación por tesis.

Además de eso, muchas veces cuando salimos de la carrera y empezamos a trabajar, es fácil olvidarnos de la parte académica, por todo lo que implica la transición al mundo profesional.

Si crees que puedes no perder de vista el trabajo escrito después de un año y defenderlo ante un jurado de manera exitosa, esta opción es para ti.

Posgrado

Si tu idea es continuar y profundizar tus estudios pero más allá de un simple diplomado, sino con la idea de buscar un grado académico más alto, puedes obtener tu título de licenciatura al empezar a estudiar la maestría inmediatamente después de terminar tus estudios y cumplir con algunos requisitos de promedio, servicio social, etc.

Esta opción es muy buena si tu rendimiento académico fue muy bueno durante la carrera y si es tu deseo el continuar tu preparación en algún tema en específico. Sin embargo, si tu deseo es que después de la carrera te dedicarás al campo laboral, en lugar de la investigación o docencia, en algunos casos después de la maestría viene un periodo de frustración ya que los empleadores no valoran tanto estos grados académicos como la experiencia laboral, así que puede que quedes en desventaja contra alguien que después de la carrera se puso a trabajar.

De cualquier manera, a la larga, el tener un grado más alto de estudios siempre abrirá más puertas que el no tenerlo.

Tesis

La vieja y confiable tesis. Sin duda aunque esta forma de titulación es de las más antiguas, no por eso deja de ser importante e incluso una que debas considerar en tus opciones principales a la hora de definir tu titulación. El hacer una tesis es un proceso que te dará disciplina para hacer un trabajo amplio y profundo en algún tema, también te ayudará a generar una forma de pensar de investigación y de cómo plasmar tus hipótesis, hallazgos y demás desarrollos de una forma clara y que agregue valor a la discusión de dicho tema.

Finalmente, el hecho  de que tengas que defenderlo ante un grupo de sinodales es un excelente ejercicio para prepararte en lo que será tu vida futura, sin importar si eliges un camino inclinado más hacia una parte académica o profesional.

La contra aquí es que hacer tesis puede ser uno de los caminos que tome más tiempo para conseguir tu anhelado título universitario, sin embargo, es sin duda el que más satisfacción trae a los que lo eligen.

Conclusión: la mejor opción de titulación es…

…que como todo en la vida: Depende.

Depende mucho del tipo de estudiante que has sido, de tus metas en el corto y mediano plazo e incluso de tu capacidad económica.

Si has sido un estudiante con un rendimiento notable, muy enfocado en temas más teóricos que aplicados y quieres explotar esa capacidad, tal vez lo mejor sea que consideres hacer la tesis o ir a la maestría.

Si tu intención es empezar a trabajar lo más pronto posible y ves al título como un trámite, quizá deberías elegir hacer un diplomado o una tesina a partir de tu experiencia profesional.

Si en un futuro te ves trabajando en una compañía estadounidense o canadiense con la idea de migrar para allá, definitivamente tienes que empezar con los exámenes de la SOA cuanto antes y qué mejor que poder titularte con algunos de ellos en el proceso.

Finalmente, si lo único que quieres es obtener el título y dejar de preocuparte por dicho trámite y tu capacidad económica es muy buena, tal vez lo mejor sería estudiar en una universidad privada y pagar la colegiatura de los 8 semestres y después pagar por la titulación automática.

Pedro Aguilar y la actuaría en México

Con más de 28 años de experiencia en el sector de seguros, 30 años como académico de la UNAM y 3 libros publicados sobre temas técnicos Actuariales, Pedro Aguilar es una autoridad en el ámbito actuarial, no solo por su amplio recorrido e impecable trayectoria, sino también por la claridad que tiene para entender y atender diversos temas que tienen que ver con la actuaría.

El día de hoy en El Manual del Actuario tenemos el honor de presentar la entrevista hecha al Actuario Pedro Aguilar Beltrán, quien nos deja saber, con la claridad que lo caracteriza, su opinión acerca de la formación de los actuarios y cómo observa él el desarrollo de la profesión en la actualidad.

¿Cómo considera que es hoy el rol del actuario mexicano?

Desde una perspectiva meramente local, considerando el estado del arte de la Actuaría en México, me parece que el actuario mexicano se ha podido integrar a diferentes campos laborales, pero eso ocurrió por accidente, no es porque así haya sido planeado, es algo que se fue dando con el tiempo y las circunstancias. Esto ha ocurrido porque el conocimiento que tiene el actuario sobre cuestiones complementarias a lo que es su conocimiento central, le ha dado la posibilidad de desempeñarse en otras disciplinas como son las finanzas, estadística, informáticas, entre otras.

No obstante, ante la idea de que un actuario es un profesionista con conocimientos diversos de matemáticas, quisiera puntualizar que esa me parece una idea muy ambigua y vaga de lo que es un actuario, para mí en lo personal, la definición exacta de un actuario, en la que no cabe vaguedad o confusión, es que “es un profesionista que tiene conocimientos especializados para la valoración y medición de  riesgos y obligaciones contingentes”. Eso es lo que le da su característica principal y distintiva de otros profesionistas.

Aun cuando dentro de sus capacidades naturales de medir el riesgo, está su conocimiento matemático, probabilístico, estadístico, computacional, etc., eso es algo marginal, pues la característica central y específica que lo distingue de todos los demás profesionistas es que tiene conocimientos especializados para la medición de riesgos y otras obligaciones contingentes, teniendo en los seguros, el mayor campo de aplicación de este conocimiento, como es natural dado que estos se basan en la medición del riesgo.

En México en particular, el rol del actuario ha sido importante ya que ha habido una gran cantidad de actuarios que se involucran en diferentes campos laborales y creo que a eso se debe que el actuario mexicano en su etapa de estudiante se siente un poco confundido respecto a qué ámbito laboral debe enfocarse. Esta confusión viene desde la carrera misma, ya que ahí no se tiene una adecuada orientación sobre cuáles son las mejores oportunidades y el mejor campo de aplicación que tiene un actuario. De cualquier manera, al final no pasa nada, ya que el actuario termina trabajando en aquello que le agrada, aquello donde se sintió mejor o incluso aquello donde encontró oportunidad.

Es diferente en el caso de un actuario norteamericano que realiza exámenes de la SOA y tiene una formación técnica más elevada, ya que tienen una preparación pensada para un mercado laboralmente más desarrollado el cual le requiere ese nivel de alta especialización.

Aquí no pasa eso, el mercado mexicano es más modesto en cuanto a exigencia de formación técnica, y está bien que no sea así, porque no podría el mercado absorber a los cientos de actuarios que egresan cada día, y que si no fuera por este fenómeno de poderse incorporar hacia otras áreas y disciplinas, entonces estaríamos en los mismos problemas que tienen otras carreras, en donde ya está saturado su mercado y los profesionistas no encuentran manera de realizarse. Afortunadamente, dentro de la realidad de nuestro país, se le ha ofrecido al actuario otras formas de ocupación y de trabajar, siendo así que el actuario ha encontrado su propia diversidad.

¿Usted cree que los planes de estudio actuales de las diferentes universidades son adecuados para la preparación de los futuros actuarios?

No, no lo creo,  creo que ninguna de las universidades que ofrecen la carrera tienen planes que sean adecuados. Esto se debe a que el ejercicio de la actuaría a nivel profesional, tiene unas diferencias abismales respecto a los temas que se ven en la carrera, y estas diferencias tienen su origen, en la mayor parte de las ocasiones, en que la mayor parte de los académicos que participan en la formación de los actuarios no han ejercido profesionalmente y, por lo tanto, tienden a basar mucho de su enseñanza en la teoría literaria; pero resulta que los libros traen a veces muchos años de rezago respecto a lo que es la práctica profesional.

Además, hay que aceptar que la matemática actuarial en libros es muy idealista y alejada de la práctica, y no me refiero a los fundamentos teóricos ya que esos no tiene por qué cambiar, sino a los planteamientos y problemas que aparecen en los libros, los cuales son muy idealizados y cuando los actuarios los aprenden e intentan llevarlos a la práctica en el mundo real, lo que encuentran es que no es posible y que tienen que hacer muchos cambios para poder hacer funcionar la matemática actuarial en la realidad.

Es así que los actuarios que egresan de sus estudios un día llegan al tremendo desengaño de que esa parte teórica no necesariamente es la que mejor funciona en la práctica. No estoy diciendo que la teoría no sirve, a mí me parece que da herramientas y bases, pero sería mucho mejor que los planes de estudio de las carreras incorporaran enfoques más aplicados y hubiera materias de práctica o talleres que hicieran que el actuario saliera conociendo un poco mejor a lo que se va a enfrentar.

Definitivamente los planes de estudio están muy alejados de lo que es la práctica actuarial, pero además, no se puede hacer mucho para solucionar eso ya que por lo general resulta difícil conseguir académicos bien preparados en la práctica, para impartir clases en la carrera de Actuaría, y hay que aceptar que muchos de quienes dan clases, es porque de pronto se les cierra un poco el campo laboral y encuentran refugio en la academia.

Por otro lado, quienes en el campo laboral tienen… no sé si llamarle éxito profesional o algo por el estilo, casi no voltean a la academia, y aunque tengan alguna posibilidad, el argumento es que están muy ocupados, o que no tienen tiempo, o no tienen las características necesarias y, de esta manera, muchos actuarios que podrían contribuir a la formación de las nuevas generaciones con su conocimiento en la práctica, no lo hacen.

Con todo esto, lo que se tiene es una formación de los actuarios que es mucho apegada a los contenidos teóricos de libros, al syllabus de la AIA, a lo que recomienda la SOA, etc. Si te asomas actualmente a los temarios y quieres ver si están dando las bases aplicadas de Solvencia II, pues vas a encontrar que no lo están incorporando aun cuando ese tema es una realidad en la práctica.

También pienso que se da un enorme fenómeno de desorientación en cuanto al tipo de conocimiento que es relevante en la práctica, ha habido ocasiones en que he tenido la iniciativa de dar un seminario de Solvencia II y solamente se inscriben cuatro o cinco alumnos, en tanto que si el mismo curso lo imparto para profesionales, despierta enorme interés, y eso se debe a que los estudiantes ni siquiera dimensionan si ese tema tiene importancia para su preparación profesional. En esto el alumno no tiene la culpa, ya que él requeriría orientación para saber hacia dónde debe dirigirse. Es como si a un niño nunca le enseñas la importancia de aprender a nadar y un día se enfrenta a esa necesidad y se da cuenta que tiene problemas precisamente porque nunca se le enseñó la importancia de saber nadar.

En resumen, los planes de estudio que se tienen no son apropiados y hablo de todas las universidades, quizá algunas se han preocupado un poco más, pero la mayor parte de los planes no son apropiados para dar buenas bases prácticas.

¿Hay alguna diferencia entre estudiar en una escuela pública y en una privada?

Sí, sí hay diferencias, y tienen muchos orígenes, pero dichas diferencias no determinan si un actuario es bueno o malo o la forma en que se desarrollarán en el mercado laboral.

Las diferencias provienen de varias vertientes, por ejemplo, el cuerpo académico, ya que es una realidad que el cuerpo académico de una universidad pública es mucho más modesto y hay menos profesores de tiempo completo. Si vas a una universidad pública, realmente no encuentras casi actuarios de tiempo completo dedicados a la investigación de cuestiones actuariales. Te encuentras matemáticos, físicos o biólogos, pero algo así como un actuario profesor investigador de tiempo completo, pues no, quizá allá quienes tienen el título de actuario, pero se dedican a otra cosa y poco investigan de la práctica. La mayor parte del cuerpo académico de actuaría de una universidad pública son profesores de entrada por salida, o de asignatura como le llaman, y sólo van a dar una o dos horas de clases y luego se retiran; además la mayoría son muy jóvenes y no tienen mucha experiencia. En cambio, una universidad privada, evidentemente por sus prestaciones salariales, puede atraer un poco más a actuarios que se dediquen de tiempo completo a la academia, pudiendo dedicarle más tiempo a la enseñanza e investigación.

Por otro lado, también hay una diferencia que se puede decir “natural”, en el sentido de que hay que aceptar como natural que el alumno que estudia en una universidad privada tiene más recursos económicos para poder estudiar ahí, y tienen condiciones de vida más cómodas, lo cual evidentemente le da una ventaja en cuanto a la dedicación y  aprovechamiento de sus estudios. Además, ya trae otras características que tienen que ver, con cuestiones conductuales, psicológicas, y niveles de seguridad más altos. No quiero decir que esto ocurre en todas las personas, pero en la mayoría eso pasa. Lo anterior no significa que los actuarios de universidades públicas saldrán mal preparados pero sí implica que requerirán más esfuerzo.

Resulta interesante ver que alrededor de un actuario de una universidad pública que por propia voluntad ha tenido esa capacidad de buscar prepararse bien, aún cuando no tenía todos los recursos, condiciones y oportunidades, se produce una especie de “selección natural”, que hace que salga con una formación que le da cierta resiliencia en y estabilidad en el mercado laboral.

Sin embargo, estas diferencias que he comentado, no determinan necesariamente el éxito en el desarrollo profesional y tampoco determinan si debe haber una preferencia de parte de las empresas. Cualquiera podría pensar que la preferencia es hacia actuarios de escuelas privadas, pero no necesariamente ocurre así, por las razones que ya mencioné.

A mí en lo particular me ha parecido interesantísimo este fenómeno que se da en las universidades públicas y que yo le llamo “de selección natural”, porque sé que «sobrevivirá» el actuario que mejor se adapte a las condiciones y que mejor aproveche las circunstancias que se le presenten. Cuando una persona en condiciones adversas, logra salir adelante, y con buena preparación, ello habla de su carácter y capacidad para lograr metas. Eso mismo no se puede decir de quienes egresan de universidades privadas. Es como si le pidieras a dos personas subir una montaña y a una de ellas le das mucho equipo, mientras que a la otra le das poco, yo creo que el que tiene menos herramientas desarrollará un poco más de técnicas, resistencia y resiliencia para poder subir la montaña y si lo logra tendrá más mérito.

¿Qué considera que es mejor, hacer una maestría o buscar una certificación, ya sea nacional o internacional?

Depende de lo que el actuario quiera hacer de su destino profesional, pero siempre y cuando no se autoengañe, es decir, uno debería saber cuál es su plan de vida y en función de eso tomar decisiones. Si, por ejemplo, un actuario cree que hacer los exámenes de la SOA es lo que lo va a hacer exitoso, tendría que saber que esos exámenes tienen más peso en Estados Unidos. Probablemente tenga éxito en México, pero el éxito de un actuario en México no está muy determinado por el hecho de tener exámenes de la SOA. La maestría da algo de estatus pero tampoco determina que sólo por ello se va a ser exitoso.

Lo que creo es que si el actuario piensa permanecer en México, creo que no tendría que estar muy preocupado por hacer exámenes de la SOA, creo que tendría que estar mucho más preocupado por conocer las cosas que necesita en este país, como conocer la regulación local y las certificaciones que requiere y, en función de eso, investigar, crear y desarrollar habilidades personales que le den ventajas competitivas aquí.

¿Qué tan técnicos somos los actuarios en México? ¿Considera que en México deberíamos hacer más investigación sobre temas actuariales?

Siendo honesto, algo extraño ocurre aquí en México, ya que hay muy pocos actuarios que sean realmente muy técnicos y con una aplicación exitosa de su conocimiento. Este fenómeno es digno de análisis ya que es difícil saber a qué se debe: ¿acaso las personas no salieron con la preparación adecuada? ¿o algo les ocurrió en el camino?

De los miles de actuarios que han egresado, actualmente, son muy pocos los actuarios que hacen matemática actuarial aplicada. Se observa que muchos que eran muy buenos para la teoría, se quedaron en ese mundo teórico y nunca pudieron bajar a la realidad de la aplicación. A muchos otros les pasó al revés, estudiaron Actuaría, pero un día consideraron que no era agradable estar en la parte técnica de aplicación de las matemáticas actuariales y terminaron por convertirse en actuarios operativos o con un nivel de aplicación muy modesto donde solamente hacen ciertas cosas que no son muy técnicas.

Esto tiene que ver con otra cosa que es muy complicada de lograr, que es que el actuario debe investigar y crear su propia base de conocimiento de matemáticas aplicadas. Yo creo que el actuario tiene que involucrarse y estar participando centralmente en propuestas de solución a ciertos fenómenos, pero los actuarios por sí solos no lo podrían hacer, tendrían que ir acompañados de instituciones como la AMA, el CONAC, las universidades, etc., pero va en solitario y creo que a eso se debe que es muy pobre la difusión e investigación actuarial de todas esas entidades en México. Ni siquiera las universidades tienen una buena labor de investigación actuarial.

Por otra parte, la investigación actuarial casi no se promueve. Los actuarios que se dedican a hacer algo de investigación, a crear y proponer papers, libros, etcétera, les es difícil encontrar a alguien que se interese y los apoye. Es muy grave porque no hay un solo libro de actuaría de las universidades o de las instituciones gremiales, y si entras a sus páginas web tampoco hay gran cosa: no hay investigación, ni literatura. Si esto lo comparas con la literatura e investigación que hay en Estados Unidos, es abrumadora la diferencia. Hacer eso en México serviría mucho, sin embargo es muy difícil hacerlo porque cuesta trabajo, hay que sacrificarse y al final da resultado, pero es un trabajo algo ingrato porque puede que no seas reconocido o compensado.

No digo que el actuario listo no vaya a tener éxito, pero es un éxito sólo en un sentido material. No hay que confundirse pensando que detentar un alto cargo en una gran empresa es lo importante, al menos para la Actuaría no lo es. El desarrollo de su técnica, sus contribuciones a las ciencias actuariales es lo que debería hace sentir orgullo a un actuario, y esos es algo que está un poco escaso en México.

¿Qué opina de la participación del gremio actuarial en los temas de interés de la vida pública del país?

Su participación no es lo robusta que debería ser. Por una parte porque no se pronuncian y por la otra, porque no son tomados en cuenta. En el tema actual de la modificación al sistema de pensiones que acaba de hacer el gobierno, por ejemplo, aunque los actuarios salgamos y nos pronunciemos sobre el tema, creo que sus pronunciamientos no son tomados en cuenta. Eso es desalentador, porque al no ser tomados en cuenta se desalienta también su participación.

Para participar en la vida pública se requiere que se tenga respeto por el conocimiento técnico profesional. Peor aún si cada vez que alguien se sienta en la “silla del poder”, piensa que automáticamente tiene la capacidad de tomar cualquier decisión en todas las disciplinas sin tomar en cuenta a los expertos profesionales. Eso ocurre por la prepotencia y la arrogancia, que es algo que sigue predominando en quienes llegan al poder, aunque también es cierto que de nuestro lado hay cierta debilidad, porque hay temas que son de nuestro campo de conocimiento y no nos pronunciamos con claridad y firmeza al respecto.

Por ejemplo, no vi que hubiera un pronunciamiento fuerte de las instituciones gremiales de Actuaría ante la aparición y efectos de la pandemia, que finalmente es un tema que tiene mucha relación con riesgos, pérdidas, con seguros, etc.; el tema realmente era rico como para poder escuchar el pronunciamiento de los actuarios. Si pronunciándose fuerte y claro casi nadie te voltea a ver, no importa, la labor ya está hecha porque ya hubo una manifestación del punto de vista profesional y si ellos no lo toman en cuenta en cierta forma tienen responsabilidad.

¿Cómo afecta y afectará la pandemia por COVID-19 a la labor de los actuarios en México?

Afectará muy poco, será imperceptible, lo único en que va a afectar es que algunos tendrán un periodo de situación económica difícil en donde las empresas, por esta misma situación, restringirán sus contrataciones y habrá muchos actuarios que durante un rato no tengan oportunidad, pero una vez pasada esa situación, todo va a retornar casi a lo mismo. Creo que en la vida actuarial no va a pasar nada. Esto de la pandemia no va a causar que de repente todos los seguros ahora sean en el ciberespacio o que de aquí en adelante los actuarios hagan puro home office.

Tal vez lo único que va a pasar con los actuarios es que sus jefes aprendieron a comunicarse con ellos directo a su casa con esto del home office, con resultados a veces contraproducentes, ya que algunos invaden la privacidad en forma desproporcionada. Ahora los jefes quieren ser atendidos a toda hora y exigen que sus subordinados tengan en todo momento las condiciones para atenderlos. Esta invasión de la privacidad lo que ha provocado es que se ponga en una situación difícil a mucha gente, ya que no todos pueden tener la cámara y micrófono encendidos, porque no hay los espacios apropiados, para mantener la discreción necesaria. Por otro lado, habría que pasarle la factura del gasto de energía eléctrica a las empresas, porque tener el computador todo el tiempo encendido y estar conectado genera un gasto importante.

También pienso que los gerentes no estaban preparados para trabajar de esta manera y ocurre lo mismo que está ocurriendo con la educación en línea, por ejemplo, donde los profesores no estaban preparados y la única solución que encontraron es aventarle a los niños montones de tarea para que ellos lean e investiguen en lugar de darles clases. En el caso de los trabajos, los jefes se la pasan nada más pensando, por inseguridad o desconfianza, qué más pedirle al subordinado, para “tenerlo ocupado” en su casa, y que no vaya a perder el tiempo en casa, y así los saturan de tareas operativas y reportes que no necesariamente son cosas productivas.

¿Ha tenido algún mentor o mentores? ¿De qué manera le ayudaron en su carrera profesional?

Sí, sí han habido muchos mentores, los cuales considero que no son personas que necesariamente están ahí intencionalmente para formar parte de tu desarrollo profesional, pero te los encuentras en el camino, van apareciendo y de pronto uno considera que esas personas constituyen un ejemplo a seguir y decides seguir su ejemplo y entonces empiezas a copiar un poco su comportamiento, lo que hace, su conocimiento. Siempre en el camino de la vida uno se va encontrando con personas que de alguna manera admira y uno intenta guiarse y ser un poco de lo que es esa persona.

En ese sentido, sí he tenido varios mentores, que incluso me resulta un poco penoso el decir que en México las instituciones, fácilmente echan al olvido a los grandes mentores y un día los dejan por ahí aislados, como si las nuevas generaciones no tuvieran necesidad de escuchar su opinión o tener su guía y eso es un gran desperdicio de conocimiento valioso. Hace poco falleció el Dr. Alejandro Hazas, quien fuera uno de los precursores de la Seguridad Social en México, pero es penoso ver que en los últimos tiempos ya no se le tomaba casi en cuenta por parte de las instituciones, incluso las gremiales. Así como él hay otros que son íconos del desarrollo histórico de la Actuaría en México, pero que están casi en el olvido, lo cual es muy triste.

Me perece que habría que hacer un esfuerzo por recuperar todas esos grandes actuarios, porque en mi opinión los países que no conocen la historia y no sienten orgullo por todo lo que ocurrió en su pasado, son países que crean un vacío histórico y de valores en sus nuevas generaciones.

Volviendo a tu pregunta, sí, mis mentores existen, por supuesto y los tengo muy presentes en todo momento.

¿Cuál ha sido la mayor satisfacción que le ha dado la Actuaría?

De alguna manera, yo siento que la Actuaría me hizo ser un matemático aplicado, como lo quise ser desde el inicio. No era mi intención ser actuario, pero como en su momento no encontré algo que se llamara Matemáticas Aplicadas en la UNAM, al revisar la Actuaría vi que se parecía un poco a la matemática aplicada y a final de cuentas resultó que sí, ya que sí encontré en ella una forma de crear, inventar, aplicar y hasta jugar con las matemáticas para obtener además recompensas.

No es que la satisfacción sea el dinero que dé la actuaría, eso se puede tener incluso sin ser buen actuario, pero eso no es necesariamente motivo de satisfacción. La satisfacción yace en saber que uno pudo, a través del conocimiento que tenía, el crear cosas y que esas cosas sirvieron y además te dieron una retribución por ello. Ese es mi mayor satisfacción en lo profesional.

¿Qué consejo le daría a los estudiantes de Actuaría y actuarios con pocos años de recorrido para que puedan brillar en su camino?

Mi consejo es acerca de qué hacer para no caer en uno de los males de estos tiempos que casi siempre determina el fracaso en la mayoría de los actuarios. Hay un libro que incluso toca ese tema y que es muy interesante, el cual se llama Outliers  y lo que esencialmente dice es que no existen los super dotados, tal vez sí es verdad que la naturaleza puede crear un ser más débil por ahí, pero el estudio que hace ese libro deja ver que, por ejemplo, los Beatles no fueron lo que fueron por ser unos super dotados de la música, sino porque tuvieron tanto esfuerzo y tiempo de práctica tocando en bares, desvelándose y dándolo todo, que inevitablemente llegaron a ser muy exitosos. Lo que dice el libro es que después de cierto número de miles de horas de esfuerzo y práctica, la persona empieza a ser distinta y empieza a ser exitosa en lo que hace, pero siempre y cuando cumpla con esos miles de horas de práctica que al final le convierten en experto.

Hoy en día el mal que asola y determina el fracaso de la gente, es una suerte de apatía involuntaria, debido a que hay tantas formas de distracción y tantas formas de lograr placer, que uno podría dedicar muchas horas del día a ese placer y muy poco al esfuerzo que se requiere para prepararse, estudiar, investigar, escribir.

Entonces, mi consejo es que no se sientan abatidos o derrotados desde el principio, ni tampoco que crean que será fácil su éxito, y que tengan en la mente que si estudian mucho y se sienten interesados, apasionados por las cosas, y se esfuerzan y practican con intensidad, entonces inevitablemente llegará el éxito profesional. Simplemente se necesita el esfuerzo permanente, tener la capacidad de interesarse siempre por los temas realmente útiles, ya que si se distrae mucho tiempo en cosas de poca utilidad, se puede perder la posibilidad de tener éxito profesional.

¿Algún comentario final que quiera decir?

Simplemente comentar que los actuarios profesionales le debemos bastante a la Actuaría misma. Se necesita investigar más, producir y contribuir mucho más, dejar huella en la Actuaría y no dormirnos en la rutina del trabajo y la comodidad que da el dinero y la satisfacción personal. Tenemos que contribuir y hacer más historia en la Actuaría, al final es lo único que nos sobrevivirá.

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